En la oración, el Pontífice encomienda a Jesús a los niños que padecen enfermedades graves, recordando su actitud evangélica de acogida y ternura hacia los más pequeños.
La oración subraya que la fragilidad de estos niños es signo de la presencia de Cristo y que sus sonrisas, incluso en medio del dolor, son testimonio del Reino de Dios.
ORACIÓN
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Señor Jesús,
que acogías a los pequeños en tus brazos y los bendecías con ternura,
hoy te presentamos a los niños que viven con enfermedades incurables.
Sus cuerpos frágiles son signo de tu presencia,
y sus sonrisas, incluso en medio del dolor, son testimonio de tu Reino.
Te pedimos, Señor, que nunca les falte atención médica adecuada,
el cuidado humano y cercano,
y el apoyo de una comunidad que acompaña con amor.
Sostén a sus familias en la esperanza,
en medio del cansancio y la incertidumbre,
y haz de ellas testigos de una fe que se fortalece en la prueba.
Bendice las manos de médicos, enfermeros y cuidadores,
para que su trabajo sea siempre expresión de compasión activa.
Que tu Espíritu los ilumine en cada decisión difícil,
y les conceda paciencia y ternura para servir con dignidad.
Señor, enséñanos a reconocer tu rostro en cada niño que sufre.
Que su vulnerabilidad despierte nuestra compasión,
y nos impulse a cuidar, acompañar y amar
con gestos concretos de solidaridad.
Haz de nosotros una Iglesia que,
animada por los sentimientos de tu corazón,
y movida por la oración y el servicio,
sepa sostener la fragilidad,
y que en medio del dolor sea fuente de consuelo,
semilla de esperanza y anuncio de vida nueva.
Amén.