"Este es un aniversario trágico", declaró el arzobispo mayor de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana, Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, con motivo del cuarto aniversario del inicio de la guerra a gran escala en Ucrania, que se conmemora este 24 de febrero.
"El número de civiles muertos y heridos sigue aumentando. Puedo afirmar que incluso al comienzo de la invasión en 2022 la situación no era tan dramática como lo es hoy, especialmente este invierno, sobre todo en la capital ucraniana", enfatizó Shevchuk en una entrevista con medios vaticanos.
Proporcionar todo
Al ser consultado sobre los desafíos que enfrentan los residentes de la capital ucraniana, el jerarca señaló que el frío es el problema actual. Este invierno es el más duro en diez años, y las fuerzas rusas están destruyendo sistemáticamente infraestructura crucial para el funcionamiento de las ciudades. En las últimas semanas, numerosas centrales eléctricas han sido destruidas. Esto provocó la pérdida de electricidad y agua caliente, así como graves daños en los sistemas sanitarios. Actualmente, se estima que alrededor de medio millón de personas han abandonado Kiev. Muchas se han quedado por falta de opciones de escape o por responsabilidades profesionales. El funcionamiento de la infraestructura crítica sigue siendo un problema importante, ya que las tropas rusas destruyen metódicamente las centrales eléctricas que aún están operativas.
"Imaginen un edificio con 3.000 residentes: todo en los departamentos está helado, la temperatura interior es apenas unos grados superior a la exterior y los baños están inutilizables. Mucha gente está atrapada en sus casas y no sabe adónde ir", dijo el arzobispo Shevchuk. Ante tales desafíos, se habilitaron espacios donde la gente pudo calentarse, cargar dispositivos y tomar té caliente. Algunos pasaron la noche allí. También se adaptaron escuelas y jardines de infancia para acoger a la gente.
También se estableció un centro similar en la catedral greco-católica. Muchas personas reciben allí asistencia, e incluso alojamiento. "Debemos proporcionarles todo lo que necesitan porque no pueden regresar a sus hogares", añadió.
En cada dolor hay un Cristo sufriente
Ante esta tragedia, somos todos iguales. Nos esforzamos por mantenernos unidos, ayudarnos mutuamente y buscar el sentido cristiano: cómo vivir una vida cristiana en estas condiciones. Curiosamente, no observo que la fatiga lleve a la desesperación. Al contrario, con cada ataque sucesivo con cohetes, crece la voluntad de resistir. "No puedo explicarlo del todo", dijo, al respoder a la pregunta sobre la "fatiga de guerra".
El pastor de los greco-católicos ucranianos añadió que, al mismo tiempo, "el dolor crece" a medida que aumenta el número de muertos y heridos. Según datos de la misión de derechos humanos de la ONU, 2025 fue el año más mortífero para la población civil en Ucrania desde el inicio de la invasión. El número de víctimas aumentó un 31% respecto de 2024 y un 70% en comparación con 2023. "Cuanto más se habla de acuerdos de paz, más sangre corre por el suelo ucraniano", señaló. "La Iglesia debe ser sensible al sufrimiento humano, recordando que en cada dolor está presente el sufrimiento de Cristo".
Solidaridad que trasciende la dimensión material
Al hablar del apoyo que recibieron los ucranianos en las últimas semanas, el arzobispo Shevchuk destacó la inmensa solidaridad mostrada por la Iglesia universal, y en especial por el Santo Padre. Inicialmente, esta asistencia se organizó bajo el papa Francisco, y hoy continúa bajo el pontificado de León XIV.
"Un ejemplo particular fue la ayuda de Cracovia", señaló el arzobispo Shevchuk, recordando la iniciativa de recaudación de fondos de la arquidiócesis de Cracovia tras la noticia de la dramática situación en Ucrania. Los primeros generadores, que llegaron a Kiev "salvaron vidas".
El arzobispo Sviatoslav Shevchuk añadió: "Hoy la solidaridad va más allá de la dimensión material: lo importante es la memoria y la oración".
Recen por nosotros
El líder de la Iglesia greco-católica ucraniana concluyó su entrevista con un contundente mensaje: "El cuarto aniversario de esta guerra es una vergüenza para la humanidad. En cuatro años, la comunidad internacional no ha logrado detener al agresor. Esta guerra nunca debió comenzar y debe terminar. Pido a todos que se comprometan con Dios y consigo mismos para construir la paz. Cada uno tiene su parte que desempeñar: primero hay que detener al agresor; luego llegará el momento de sanar el trauma y reconstruir".