Durante su intervención, Mons. Varden recordó los cuarenta días que Cristo permaneció en el desierto, cuando Satanás se le acercó y le citó el Salmo 90, en particular dos versículos sobre los ángeles. “El diablo —leemos en San Mateo— lo llevó a la ciudad santa y lo puso sobre el pináculo del templo’ y lo desafió a demostrar que era el Hijo de Dios arrojándose, ‘porque está escrito: Él dará órdenes a sus ángeles a tu favor’ y ‘Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece en piedra’”.

Mons. Varden —encargado de dirigir los ejercicios espirituales de Cuaresma de la Curia romana, que concluyen mañana viernes 27 de febrero— enfatizó que solo Dios puede invitarnos a dar pasos imposibles: “Su llamada, sin embargo, será: ‘Salta a mis brazos’, no ‘Lánzate hacia abajo’”.

El monje trapense señaló que los ángeles actúan como custodios de la santidad y no como sirvientes de nuestros deseos. 

Citando una oración popular atribuida a Reginaldo de Canterbury, dijo que pedimos a nuestro ángel de la guarda que “nos ilumine, nos custodie, nos sostenga y nos guíe”, destacando que “son verbos fuertes”. Así, enfatizó que un ángel es, ante todo, un “custodio de la santidad”.

Mons. Varden también reflexionó sobre la vida monástica y la función de los ángeles en la liturgia: “El único ‘canto de alabanza’ de Cristo, del que habla Sacrosanctum Concilium, resuena desde los extremos de la tierra hasta las alturas del cielo a través de una cadena palpitante de mediación”, constató tras señalar de esta manera que los ángeles son parte esencial de esta cadena, como afirmamos en cada Prefacio dentro del canon de la Misa.

El ciclo de meditaciones que está dirigiendo al Papa y la Curia Romana lleva por título Iluminados por una gloria escondida y propone un itinerario espiritual inspirado en San Bernardo de Claraval, abordado desde una doble perspectiva: una dimensión idealista y, al mismo tiempo, una mirada realista sobre la experiencia cristiana. 

Al citar los sermones de San Bernardo de Claraval —figura clave del siglo XII y proclamado Doctor de la Iglesia en 1830— el obispo noruego explicó que los ángeles median la providencia de Dios, aunque “Dios puede tocarnos sin intermediarios”. Sin embargo, señaló, “se complace en permitir que sus criaturas sean canales de gracia unas para otras”.

San Bernardo exhortaba a los fieles a imitar a los ángeles: “Desciende y muestra misericordia a tu prójimo; y de nuevo, elevando con el mismo ángel tus deseos, esfuerza tu alma para ascender con toda la cupiditas hacia la suma y eterna verdad”. Mons. Varden señaló que esta elección de palabras subraya que “todos los deseos humanos naturales, incluso los carnales, están atraídos hacia su cumplimiento en Dios, y por ello deben ser guiados hacia Él”.

Sobre el papel de los ángeles en la muerte, el prelado recordó que “el último y más decisivo acto de caridad de los ángeles ocurrirá en la hora de nuestra muerte, cuando nos guiarán a través del velo de este mundo hacia la eternidad”.

En ese momento, aseveró, “toda ficción caerá” y “la retórica desaparecerá, solo la verdad permanecerá, en plena consonancia con la misericordia”.

Mons. Varden citó a San John Henry Newman, a quien León XIV proclamó Doctor de la Iglesia, quien, según dijo, “concebía el ministerio sacerdotal como angélico”.

“El sacerdote se siente en casa en este mundo, no teme adentrarse en los bosques oscuros en busca de los perdidos. Al mismo tiempo, mantiene los ojos de la mente elevados hacia el rostro del Padre, dejando que su resplandor ilumine toda la realidad presente”, detalló.

Finalmente, el monje trapense enfatizó un mensaje clave para la actualidad: “Un encuentro angélico es personal. No puede ser reemplazado por una descarga o un chatbot”, recordando la necesidad de un contacto humano y espiritual directo en un mundo cada vez más digitalizado.