Queridos hermanos y hermanas, con mucha alegría damos inicio a este Año Pastoral en nuestra querida Arquidiócesis de Corrientes, en este tiempo santo de la Cuaresma, y lo hacemos como Iglesia que camina, agradecida, creyente y esperanzada. Hoy, desde el corazón, quiero decir gracias: a los sacerdotes, diáconos, consagradas y consagrados; gracias a los agentes pastorales, catequistas, misioneros, servidores silenciosos y perseverantes. Gracias a todos los que, aun en medio de cansancios y límites, siguen apostando por esta bella y desafiante pasión de evangelizar.
Las lecturas de este segundo domingo de Cuaresma iluminan con fuerza nuestro comienzo. En el libro del Génesis, Dios le dice a Abrán: “Sal de tu tierra… hacia la tierra que te mostraré” (Gn 12,1). Es una palabra que desinstala, que saca de seguridades, que abre futuro. No le muestra el mapa completo, pero sí le promete su presencia y su bendición. Así comienza toda historia de fe y también toda misión pastoral auténtica. Este Año Pastoral es, para nosotros, una nueva invitación a salir, a no quedarnos encerrados en lo conocido, a confiar en que Dios sigue guiando los pasos de su Iglesia en Corrientes.
San Pablo, en la segunda lectura, nos anima con palabras muy concretas: “No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor… apóyate en la fuerza de Dios” (2 Tim 1,8). Evangelizar hoy no es fácil: encontramos indiferencia, heridas profundas, pobrezas materiales y espirituales, desaliento, ambigüedad, sincretismos, etc. Pero Pablo nos recuerda que no nos apoyamos en nuestras fuerzas, sino en la gracia que se nos ha dado en Cristo Jesús. Por eso, este Año Pastoral empieza desde la confianza de sabernos y sentirnos sostenidos.
El Evangelio nos lleva al monte de la Transfiguración (cf. Mt 17,1-9). Jesús sube con Pedro, Santiago y Juan, y allí se deja ver en su gloria. Es un anticipo de la Pascua, una luz en medio del camino. Los discípulos necesitaban esa experiencia para no escandalizarse de la cruz que vendría después. También nosotros la necesitamos. La pastoral, si no se alimenta de la oración y del encuentro con el Señor, se vuelve rutina, activismo, cansancio estéril. Este Año Pastoral será fecundo si aprendemos a subir al monte, a escuchar de nuevo la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado… escúchenlo”.
Como nos repetía tantas veces el Papa Francisco, no somos una Iglesia de escritorio, sino una Iglesia en salida, que se deja transfigurar por el amor de Cristo para luego bajar al llano y tocar las heridas de la gente. El Papa León XIV, nos exhorta a renovar nuestro deseo de ser una Iglesia misionera, sinodal, cercana, que no apaga el pabilo vacilante ni quiebra la caña cascada, frágil, debilitada.
Comenzamos este Año Pastoral peregrinando, poniéndonos bajo el manto de nuestra Madre. Ella sabe de caminos, promesas, esperas largas y de esperanza firme. A María de Itatí le confiamos este tiempo que se abre: nuestros planes, sueños, fragilidades y también las ganas de entregarnos y servir. Que ella nos enseñe a decir cada día: “Hágase en mí según tu palabra”.
Queridos hermanos, damos inicio a este Año Pastoral con gratitud por lo vivido, con fe en el Dios que nos llama y con esperanza en lo que Él sigue haciendo entre nosotros. Bajemos de este monte espiritual que hoy representará la visita a la Basílica Nuestra Madre de Itati con el corazón encendido, sin miedo, sabiendo que el Señor camina con su pueblo. Que la “Pura y limpia” nos cubra con su manto y nos acompañe en esta nueva etapa de la misión.
Amén.
Oración para el inicio del Año Pastoral 2026
Señor Jesús,
al comenzar este nuevo Año Pastoral
venimos con el corazón abierto,
agradecidos por todo lo vivido
y confiados en lo que querés hacer
en nuestra Iglesia de Corrientes.
Te damos gracias por cada sacerdote,
por los diáconos, la vida consagrada
y por tantos laicos que, con generosidad silenciosa,
sostienen la misión en las parroquias, capillas y comunidades.
Gracias por quienes anuncian el Evangelio
aun en medio del cansancio, la pobreza y la incertidumbre.
En este tiempo de gracia,
volvé a llamarnos como al principio.
Purificá nuestras intenciones,
renová nuestra fe
y encendé en nosotros la esperanza
para no claudicar en la hermosa pasión de evangelizar.
Danos un corazón dócil a tu Palabra,
una mirada compasiva como la tuya
y un espíritu misionero
que no se encierre en seguridades
ni se canse de salir al encuentro de los hermanos.
Ponemos este Año Pastoral 2026
bajo el manto protector de la Virgen de Itatí.
Que ella nos enseñe a escuchar, a confiar
y a caminar juntos como pueblo de Dios,
fieles al Evangelio y atentos a los signos de los tiempos.
Que tu Espíritu Santo nos guíe,
nos fortalezca en las pruebas
y nos conceda la alegría de servir.
Señor, aquí estamos.
Envíanos.
Amén.