El arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi SJ, presidió la misa de Domingo de Ramos en la catedral Nuestra Señora de la Asunción y reflexionó sobre el inicio de la Semana Santa como un camino personal de encuentro con Cristo.
Al comienzo de su homilía, invitó a los fieles a situarse espiritualmente en la escena evangélica. Propuso contemplar la entrada de Jesús en Jerusalén desde la mirada de quienes lo acompañaban. Señaló el contraste entre la entrada humilde de Cristo y las manifestaciones de poder de su tiempo, al destacar que Jesús no se presenta como un conquistador, sino desde la sencillez.
En ese marco, planteó una interpelación directa a los creyentes: "¿Venís conmigo? ¿Entrás conmigo en la Pasión?". Afirmó que el misterio de la Pasión, muerte y resurrección no se vive de manera general, sino que alcanza a cada persona en forma concreta.
El cardenal recordó que Jesús asume con decisión el camino hacia la cruz y citó el Evangelio: "Endureció el rostro y se encaminó". Explicó que también en la vida humana existen decisiones que exigen firmeza y entrega, incluso en medio de la dificultad.
Las implicancias del seguimiento de Cristo
Al referirse al seguimiento de Cristo, señaló que este camino implica despojo y entrega. Advirtió que no resulta atractivo seguir a quien no ofrece seguridades humanas, pero sostuvo que allí se encuentra el núcleo del discipulado.
El cardenal Rossi destacó que cada persona tiene un lugar propio en el itinerario de la Semana Santa. Expresó que existe un momento particular en el que cada uno está llamado a encontrarse con el Señor, en medio de su realidad concreta.
También invitó a vivir estos días sin postergaciones ni idealizaciones: "No quiero encontrarme con vos, no como vos deberías estar, sino como hoy estás". Subrayó que Dios sale al encuentro de cada persona en su situación real, con sus fragilidades y búsquedas.
El arzobispo remarcó que Cristo "vino a salvarnos, vino a curarnos, vino a perdonarnos" y animó a abrirse a ese encuentro durante la Semana Santa. En esa línea, citó el Apocalipsis: "Si me abres, entraré y cenaremos juntos".
Asimismo, profundizó en el significado del ramo de olivo como signo de paz, sanación y fortaleza. Explicó que el olivo representa la resistencia del amor, capaz de sostenerse incluso en medio de las dificultades y conflictos.
Por último, convocó a no dejar pasar esta oportunidad: "Que no perdamos esta ocasión tan linda, esta cita de amor que no es transferible ni es postergable". Y concluyó con una nueva invitación a acompañar a Cristo en su camino: "¿Vas conmigo a Jerusalén? ¿Te animás a acompañarme a la cruz para después acompañarme a la resurrección?".