Al cumplirse el segundo mes de la guerra en Medio Oriente, Cáritas Líbano y su rama juvenil intensificaron sus actividades para hacer frente a las crecientes emergencias en un país donde la crisis económica y los sucesivos conflictos ya han llevado al límite la capacidad de resistencia material de la población.
Aun así, con más de 1.800 jóvenes voluntarios desplegados, Cáritas sigue siendo una de las mayores organizaciones sobre el terreno que presta ayuda y solidaridad.
Desde principios de marzo, brindaron asistencia alimentaria, alojamiento, protección, atención médica y apoyo psicológico a más de 221.000 personas.
Peter Mahfouz, jefe del Departamento de Juventud y del Departamento de Emergencias de Caritas Líbano, se refirió a la situación actual, en particular en el sur, donde el ejército israelí ha atacado y destruido muchos pueblos.
"Acabo de regresar de Tiro -dijo- y visité algunas aldeas cristianas cerca de la frontera. El acceso es extremadamente arriesgado; nadie entra sin permiso. Cuando viajamos, solicitamos autorización al ejército libanés, que coordina con la Unifil (Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano, tres de cuyos soldados murieron el 29 de marzo de 2026), y esta coordina con la otra parte para garantizar el paso seguro de nuestros convoyes. Podemos obtener un permiso en un plazo de 24 a 48 horas y viajamos escoltados por militares".
Y añadió: "Los supermercados están vacíos; los proveedores ya no pueden llegar a esas zonas. Llevamos cajas de alimentos, agua potable, suministros médicos y gasóleo para los generadores. Mantenemos clínicas móviles operativas y estamos abriendo centros de primeros auxilios con médicos y enfermeros, ya que todos los hospitales de la zona están cerrados o en riesgo de ser bombardeados".
Desde que comenzó la operación militar a principios de marzo de 2026, más de 1200 personas han muerto a causa de los ataques militares israelíes.
Una situación incontrolable
"Casi todos los pueblos fronterizos -describió Peter- están ahora desiertos, salvo algunas comunidades cristianas, como Qlayaa y Rmeich, donde nuestros equipos de Cáritas siguen presentes. Incluso allí, cerca de la mitad de los habitantes se han marchado. Quienes se quedan, en su mayoría familias y ancianos, se niegan rotundamente a irse. La última vez que huyeron, sus casas fueron destruidas y sus tierras expropiadas. No quieren repetir esa experiencia. Prefieren morir antes que abandonar sus hogares. Es desgarrador".
Sobre la situación de más de un millón de personas que se vieron obligadas a abandonar el Líbano y trasladarse a otras partes del país en busca de refugio, Mahfouz contó que "el sur está prácticamente desierto, al igual que gran parte de Beirut. La gente se ha instalado en escuelas públicas, mezquitas, viviendas de alquiler o casas de familiares. Pero esto está generando una grave tensión", explicó ya que "las comunidades de acogida se niegan a recibir a las familias desplazadas por temor a convertirse ellas mismas en blanco de ataques. La situación se está volviendo incontrolable".
Otro tema crucial es la educación: las escuelas públicas se enfrentan a un desafío particular: más de 700 se convirtieron en refugios. El gobierno está intentando permitir las clases por la mañana, mientras que los alumnos permanecen resguardados por la noche. La mayoría de los niños siguen las clases en línea.
Los voluntarios de Cáritas. Entre el servicio y el agotamiento
Unos 1.800 jóvenes voluntarios, distribuidos en 36 centros, incluyendo 120 en la unidad de emergencias, han estado trabajando sin descanso desde el primer día: atendiendo el centro de llamadas, preparando y distribuyendo equipos de alimentos, cocinando comidas calientes y organizando actividades para niños en los albergues. En menos de un mes, los voluntarios prestaron más de 220.000 servicios.
Pero están agotados. Cinco años de crisis consecutivas: la Covid-19, la explosión en el puerto de Beirut, la guerra de 2024 y ahora otra guerra. "Muchos de nuestros voluntarios provienen de familias desplazadas que también enfrentan dificultades económicas. Se puede ver, literalmente, a una persona desplazada apoyando a otra", precisó el jefe del Departamento de Emergencias de Caritas Líbano.
Mahfouz compartió las necesidades que hoy enfrenta la institución desde alimentos, medicinas, ropa, ayuda para pagar el alquiler de los desplazados internos y asistencia económica y lamentó que "la financiación internacional disminuyó drásticamente desde 2024, y las consecuencias de estos recortes se sienten sobre el terreno".
"La gente -lamentó- se ve obligada a elegir entre medicinas y comida: sencillamente no pueden permitirse ambas. Líbano siempre está presente en el corazón de la gente, y sentimos profundamente esa solidaridad. Pero se necesita más apoyo. De verdad que sí. Y esperamos que llegue más", exhortó.