La Universidad Católica Argentina (UCA) celebró el 7 de abril la misa de inicio del ciclo académico 2026, presidida por monseñor Jorge García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires y gran canciller de la casa de altos estudios. Durante la ceremonia, se celebró el 68° aniversario de la universidad y la octava de Pascua.

La ceremonia se realizó en el Auditorio San Agustín, ubicado en el edificio Santa María de los Buenos Aires, dentro del Campus Papa Francisco, del barrio porteño de Puerto Madero, y fue transmitida en vivo a través del sitio web institucional. En paralelo, la universidad dispuso la suspensión de clases en ese campus para facilitar la participación de la comunidad académica.

Acción de gracias por un capellán
La celebración, que contó con la participación del pleno del Consejo Superior, del Consejo de Administración y directivos de la universidad, incluyó una acción de gracias por los años de servicio del presbítero Alejandro Peset como capellán, tras haber alcanzado recientemente el beneficio jubilatorio. Durante la jornada, además, se informó que quienes desearan confesarse podían hacerlo en una sala dispuesta a tal fin, con la presencia del presbítero Hernán Giúdice.

La Eucaristía fue presidida por monseñor García Cuerva y concelebrada por autoridades eclesiásticas vinculadas a la universidad, entre ellas el vicerrector de Asuntos Estratégicos, monseñor Pedro Cannavó, y el vicerrector de Formación Integral, presbítero Gustavo Boquín, junto a otros sacerdotes de la comunidad académica.

En su homilía, monseñor García Cuerva se refirió al valor del llanto en la experiencia humana y espiritual. Señaló que en el Evangelio proclamado "aparece cuatro veces la palabra llorar" y cuestionó que, en una sociedad "individualista, cruel y competitiva", muchas veces no hay espacio para expresar el dolor. "Andamos todos a veces con un nudo en la garganta", afirmó, al tiempo que advirtió sobre la tendencia a reprimir las emociones.

El arzobispo destacó la figura de María Magdalena como ejemplo de una expresión auténtica del sufrimiento. La describió como "una mujer valiente" que se animó a llorar y a conectarse con su propio dolor tras la muerte de Jesús. Según indicó, esa capacidad de transitar el dolor es también la que permite, posteriormente, experimentar la alegría. "Como transitó el dolor, supo también después conectarse con la enorme alegría", sostuvo.

En ese marco, planteó que una de las dificultades de la sociedad actual es la evasión del dolor, lo que -según dijo- limita también la posibilidad de una alegría profunda. "Como ya no transitamos el dolor, tampoco después tenemos la capacidad de alegrarnos", afirmó.

El valor de las preguntas
Otro de los ejes de la homilía fue el valor de las preguntas. Monseñor García Cuerva subrayó que, a diferencia del ámbito académico -donde se espera tener respuestas-, en la vida es importante poder decir "no sé" y animarse a buscar junto a otros. "La gente que en la vida tiene todas las respuestas es gente aburrida", expresó.

Asimismo, remarcó la dimensión personal del mensaje cristiano al señalar que Jesús "llama por el nombre" a cada persona, sin juzgarla. "No nos llama para condenarnos, nos llama porque nos ama", dijo, e invitó a los presentes a reconocerse en esa relación.

Por último, el gran canciller de la UCA convocó a asumir un cambio "profundo" en la propia vida, inspirado en la experiencia de María Magdalena, y a compartir la "buena noticia" con otros. También alentó a que la universidad sea un espacio de comunidad donde las personas puedan expresar sus emociones y encontrar contención.