La diócesis de Catamarca dio inicio el 11 de abril a las fiestas en honor de la Virgen del Valle con la tradicional Bajada de la Sagrada Imagen, en el marco del Año Jubilar por el bicentenario del nacimiento del beato Mamerto Esquiú.
La ceremonia, realizada en la catedral basílica y santuario Virgen del Valle, marcó el comienzo del septenario que conmemora la coronación pontificia de la imagen, ocurrida el 12 de abril de 1891. Las celebraciones se extenderán hasta el domingo siguiente, cuando tendrá lugar la solemne procesión.
El rito fue presidido por el obispo diocesano, monseñor Luis Urbanc, quien trasladó la imagen desde el camarín hasta el presbiterio, acompañado por sacerdotes y peregrinos. En el templo, fieles y devotos la recibieron con aplausos, cantos y expresiones de fervor, mientras otros siguieron la celebración a través de transmisiones en vivo.
Del acto también participaron autoridades civiles, entre ellas el gobernador Raúl Jalil y el intendente de San Fernando del Valle de Catamarca, Gustavo Saadi.
El lema de este año -"Con María y el Beato Esquiú, mensajeros de la paz"- atravesó toda la jornada, en coincidencia con la Jornada de Oración por la Paz en el Mundo convocada por el papa León XIV.
En ese marco, monseñor Urbanc centró su mensaje en la necesidad de construir la paz frente a un escenario marcado por la violencia y la división. El obispo afirmó que la paz "no es una utopía", sino una realidad posible que debe traducirse en acciones concretas, tanto en el ámbito personal como comunitario.
Advirtió además sobre el riesgo de "convertir incluso los pensamientos y las palabras en armas", y subrayó que las religiones tienen un papel clave para evitar esa deriva, promoviendo el diálogo y el entendimiento. En esa línea, llamó a superar las divisiones basadas en diferencias culturales, étnicas o ideológicas.
También instó a fortalecer la vida espiritual y el diálogo interreligioso como caminos para la convivencia, y pidió que las familias y comunidades se transformen en "casas de paz", donde se practique la justicia, el perdón y la escucha.
Por último, el obispo pidió no naturalizar la violencia ni sus consecuencias. "Que no nos acostumbremos a la violencia, ni nos volvamos indiferentes", expresó, al tiempo que advirtió sobre el impacto social y económico de los conflictos.
Tras el rezo del rosario y el canto del Regina Coeli, se realizó un momento de oración por la paz en comunión con la convocatoria papal. Además, se invitó a los fieles a participar del sacramento de la confesión en el marco del Día de la Divina Misericordia.
Las actividades continuarán durante toda la semana, con misas y homenajes de distintos sectores de la sociedad, mientras se mantiene un espacio de oración durante las jornadas.