La basílica y santuario de Nuestra Señora de Luján fue escenario del tradicional cambio de manto de la Virgen, celebración que presidió el arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Scheinig, el 26 de abril, al reivindicar un gesto arraigado en la devoción popular que fue acompañado por cientos de fieles.
Concelebraron la Eucaristía, el obispo de San Luis, monseñor Gabriel Barba; el obispo emérito de San Isidro, monseñor Oscar Ojea; el párroco del templo, presbítero Lucas García, junto con varios sacerdotes.
Monseñor Scheinig centró su homilía en el significado espiritual de este signo e invitó a los fieles presentes a vivirlo como una experiencia concreta de cercanía con María.
"Ese es el manto que la Virgen vistió todo el año pasado hasta hoy", explicó el prelado, al tiempo que destacó que esa misma tela "se convierte en 70.000 pedacitos chiquititos" que los fieles llevan consigo como recuerdo y signo de protección. "La llevamos a casa", subrayó.
El prelado aseguró que el cambio de manto no es sólo una renovación externa, sino un gesto cargado de sentido espiritual y manifestó que este acto expresa una relación viva con la Virgen y una forma concreta de manifestar el amor del pueblo creyente.
El arzobispo aclaró también que el cambio de manto "es una manera de abrazar a la Virgen" y evocó la experiencia de los abrazos maternos afirmando que "los abrazos de la madre tienen algo muy particular para nosotros". "Ponerle el manto es abrazarla, pero al mismo tiempo es ponernos bajo su manto, ese sentimiento tan necesario en la vida de sentirnos protegidos, acompañados".
Monseñor Scheinig invitó a los fieles a renovar este gesto desde lo profundo del corazón: "Hoy estamos haciendo eso", expresó, al referirse a quienes ponen su vida y la de sus familias bajo la protección de María. Y convocó a vivir esta experiencia "con ese sentimiento, ese calorcito que da la Madre".