En una entrevista con Radio 6 de Enero de la ciudad de Resistencia, provincia del Chaco, que recorrió la profundidad de su vocación y el compromiso con la fe, el Padre Ponciano Acosta, figura entrañable de la Iglesia en Formosa, compartió sus reflexiones ante su inminente partida hacia Colombia. Oriundo de Palo Santo, la «ciudad luz» del interior provincial, el presbítero cierra un ciclo de tres décadas y media de labor pastoral ininterrumpida en la diócesis local para abrazar un llamado que, admite, sintió desde su juventud.
Un llamado que trasciende fronteras
Al ser consultado sobre los motivos de esta mudanza, el Padre Ponciano fue enfático: «Más que cura, yo quería ser sobre todo misionero». Su decisión no es fruto del azar, sino el resultado de un discernimiento profundo, respaldado por la confianza de sus obispos —desde Scozzina y Sandrelli hasta la actual gestión episcopal— quienes siempre alentaron su espíritu aventurero y apostólico.
«El misionero es el que va siempre más allá de las fronteras», expresó con emoción, reconociendo que, al ponerse a disposición de la Iglesia universal, no eligió el destino: «Dios eligió Colombia, y yo acepto eso como voluntad divina».
35 años de «olor a oveja»
La trayectoria de Acosta en Formosa ha estado marcada por la sencillez y el trabajo de base. Durante la mayor parte de su ministerio, su labor se centró en el acompañamiento a pequeños productores rurales y en la caminar junto a los pueblos originarios. Él mismo reivindica el modelo de las «comunidades eclesiales de base», un estilo de iglesia de los primeros tiempos, donde el encuentro no sucede en estructuras rígidas, sino en los hogares y salones comunitarios, allí donde la gente vive y sufre.
Sobre los años de pandemia, el sacerdote destacó una lección clave: la valoración de los vínculos. «La vida humana es una vida siempre en relación. La virtualidad nos ayudó a acercarnos, pero no puede reemplazar el encuentro cara a cara, el abrazo y el compartir cotidiano», reflexionó.
La huella de Francisco
El diálogo también permitió recordar la figura del Papa Francisco, a quien Ponciano admira profundamente. Recordó con especial nostalgia las visitas del entonces Cardenal Bergoglio a la zona y su paso por Pozo del Tigre en los años 80. «Él fue verdaderamente un apóstol del Sagrado Corazón de Jesús, un corazón que acoge a todos», señaló, añadiendo que la valentía del Papa frente a los conflictos globales actuales es el espejo en el que intenta mirarse.
Una despedida con la mirada puesta en Dios
El Padre Ponciano Acosta se prepara ahora para su envío misionero, que será presidido por el Monseñor José Vicente Conejero Gallego. La ceremonia de despedida tendrá lugar el lunes 4 de mayo a las 19:00 horas, en la Parroquia Virgen del Rosario de la ciudad de Formosa.
Como cierre de este capítulo, el sacerdote compartió la oración que guía sus pasos, tomada de San Carlos de Foucault: «Padre, me pongo en tus manos; haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy las gracias, con tal que tu voluntad se cumpla en mí». Con estas palabras, y encomendándose a la Virgen de la Consolata, el Padre Ponciano inicia su nuevo «avío del alma», llevando consigo el afecto de una comunidad que, aunque lo extrañará, celebra la coherencia de un pastor que siempre caminó junto a su gente.
Nota: La comunidad está invitada a acompañar este momento de envío, un paso más en el camino de un sacerdote que, con sencillez y firmeza, busca seguir abriendo senderos de paz y servicio donde sea que el espíritu lo lleve.
Fotografia: Mauricio Nicolás Gonzalez