El cardenal argentino Leonardo Sandri, vicedecano del Colegio Cardenalicio, presidió este lunes 25 de mayo, la misa de acción de gracias por el 216º aniversario de la Revolución de Mayo, en la Iglesia Nacional Argentina en Roma, Nuestra Señora de los Dolores, concelebrada por varios sacerdotes argentinos residentes en Roma.

Organizada por la Embajada Argentina ante la Santa Sede y la Soberana Militar Orden de Malta, participaron de la celebración eucarística miembros del Cuerpo Diplomático, autoridades civiles y militares y una nutrida concurrencia de la comunidad argentina en Roma.

"El 25 de mayo no es solo una fecha histórica: es memoria viva de un camino de libertad, de búsqueda de identidad, de construcción de una nación. Y lo hacemos aquí en Roma, en el corazón de la Iglesia católica, reunidos como familia lejos de la patria, pero unidos por la fe y el amor por nuestra tierra", expresó el cardenal Sandri al comienzo de su homilía, haciendo especial referencia a la liturgia del día, en la que se celebra a María, Madre de la Iglesia.

"Y no es casual, dijo el purpurado, porque en los momentos fundacionales -de la Iglesia y también de nuestros pueblos- siempre aparece la figura silenciosa pero firme de una madre".

La presencia maternal de la Virgen en nuestra Patria
El cardenal argentino comparó a la primera comunidad naciente reunida en oración junto a María, la madre de Jesús, que se narra en la lectura de los Hechos de los Apóstoles, con las circunstancias que rodeaban al nacimiento del primero gobierno patrio: "También nuestra patria nació en medio de incertidumbres, de tensiones, de decisiones valientes. Y como el primer grupo de discípulos, nuestros próceres soñaron con una comunidad libre, pero también frágil, necesitada de unidad, de valores sólidos, en un horizonte común".

"Una nación -subrayó el cardenal Sandri- no sólo es un territorio o una historia compartida; es también una familia. Y toda familia necesita vínculos que la sostengan, que la reconcilien, que la vuelvan a unir cuando se fragmenta".

Por eso aseguró que "mirando a la Argentina actual -con sus desafíos, sus heridas, sus divisiones- la figura de María nos invita a algo muy concreto: a volver a mirarnos como hermanos. A aprender el lenguaje de la escucha, del respeto, del diálogo sincero. A recuperar la esperanza, incluso cuando las circunstancias parecen difíciles", animando a "no desentendernos de la realidad, no caer en la indiferencia, no dejar que la desesperanza tenga la última palabra".

Testigos de esperanza y artesano de la paz

El vicedecano del Colegio Cardenalicio alentó a los argentinos, que "al dar gracias a Dios por nuestra patria", dijo "estamos llamados a renovar nuestro compromiso con el bien común. Cada uno desde su lugar: en la vida pública, en la familia, en el trabajo cotidiano. Argentina necesita hombres y mujeres que, inspirados por el Evangelio o por el respeto a la dignidad humana, sean artesanos de paz, constructores de justicia, sembradores de esperanza".

"Pidamos a Nuestra Señora de Luján, Madre de la Iglesia y Madre de nuestra Patria, concluyó el cardenal Sandri, que nos enseñe a cuidar la unidad sin negar la diversidad, a buscar el bien común por encima del dinero, de la riqueza egoísta, de los intereses particulares, a mantener viva la esperanza. Que Ella acompañe a nuestro pueblo, ilumine a sus gobernantes, sostenga a quienes más sufren, y nos ayude a construir una Argentina más fraterna, más justa y más fiel a su vocación de pueblo generoso y acogedor".

El embajador de la República Argentina ante la Santa Sede, Luis Pablo María Beltramino, también dirigió unas palabras en referencia a la celebración de la fecha patria y a modo de cierre, se llevó a cabo una recepción ofrecida por la Embajada Argentina.