En su reflexión semanal, el arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Lozano, invitó a vivir la fe con un corazón sencillo, confiado y abierto a Dios, evitando las complicaciones y prejuicios que dificultan el encuentro con el Señor.
En su habitual reflexión semanal, titulada "Más vueltas que una oreja", el prelado recurrió a una expresión popular que escuchaba en su infancia para ilustrar cómo, muchas veces, las personas "complican lo simple" también en la vida espiritual.
"Cuántas veces, en la vida de fe, hacemos lo mismo: damos vueltas, buscamos explicaciones, nos enredamos en razonamientos cuando, en realidad, lo que Dios nos pide es sencillez", señaló.
Monseñor Lozano recordó que Jesús fue acogido con confianza por los pequeños, los pobres, los enfermos y los marginados, mientras que otros, aferrados a prejuicios y seguridades, exigían pruebas antes de creer.
En ese sentido, destacó la enseñanza del Evangelio dominical, en el que Jesús alaba al Padre por revelar los misterios del Reino a los pequeños. "La fe no es algo que se conquista por entenderlo todo. Es una revelación, un don que Dios regala a quienes lo acogen sin complicaciones, con la alegría de un niño que confía", expresó.
Asimismo, recordó la invitación de Cristo a acudir a Él en los momentos de cansancio y desaliento: "Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré", y animó a reconocer con humildad la propia fragilidad para descansar en el amor del Señor.
Al citar al papa León XIV, subrayó que las limitaciones humanas no deben verse solamente como un defecto, sino también como un ámbito donde la persona puede madurar y abrirse a la relación con Dios y con los demás.
Memoria de los mártires palotinos
En la parte final de su reflexión, monseñor Lozano recordó que el 4 de julio se cumplieron 50 años del asesinato de los tres sacerdotes y dos seminaristas palotinos en la parroquia San Patricio, del barrio porteño de Belgrano, durante la última dictadura militar.
Al evocar ese aniversario, citó una homilía pronunciada por el entonces cardenal Jorge Bergoglio en 2005, en la que afirmó: "Juntos vivieron, juntos murieron", e invitó a "despejar etiquetas y mirar el testimonio" de quienes "fueron grano de trigo, dieron su vida y germinaron".
Finalmente, el arzobispo exhortó a revisar la propia vida y preguntarse "cuántas vueltas damos antes de abrirnos a Dios", para aprender "la sabiduría de la sencillez" y permitir que la fe se convierta en una experiencia viva en la vida cotidiana.