En su reflexión previa al Ángelus de este 23 de agosto, el papa León XIV invitó a los fieles a preguntarse quién es realmente Jesús en sus vidas y advirtió sobre el riesgo de reducir la fe a una "mera costumbre". Ante miles de peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, exhortó a mantener una relación auténtica con Cristo y a dejarse transformar por su amistad.

Al comentar el Evangelio del XXI Domingo del Tiempo Ordinario, el pontífice señaló que la pregunta de Jesús a sus discípulos -"¿Y ustedes, quién dicen que soy yo?"- sigue interpelando a todos los creyentes.

El Santo Padre explicó que, aunque los Doce ya habían compartido gran parte de la vida y el ministerio del Maestro, Jesús no dio por supuesto que hubieran comprendido plenamente el misterio del Reino de Dios.

"Este texto es un paso fundamental para los discípulos de todos los tiempos y para cada uno de nosotros", afirmó.

Asimismo, recordó que la fe no es una realidad adquirida de una vez para siempre, sino un camino que exige redescubrir constantemente el rostro de Cristo, profundizar en su Evangelio y renovar las decisiones personales para vivir de manera coherente con lo que se profesa.

Evitar que la fe se vuelva una costumbre
León XIV señaló que la pregunta sobre quién es Jesús cobra especial fuerza durante la oración, en la meditación del Evangelio y también cuando los creyentes se encuentran con el sufrimiento y las necesidades de los demás.

En ese sentido, invitó a discernir si Cristo es solamente un personaje importante de la historia o verdaderamente "el Cristo de Dios", enviado para hacer partícipes a los hombres del amor del Padre y transformar la vida y el mundo.

El Papa advirtió además que, en ocasiones, los cristianos pueden conformarse con "lo que se dice", los lugares comunes o las tradiciones recibidas, incluso con buenas intenciones.

"Jesús nos llama a una respuesta personal, a conocerlo de cerca, a dejarnos transformar por la amistad con Él, en un encuentro siempre nuevo que tal vez podría exigirnos recorrer caminos inéditos y tomar decisiones diferentes a las que habíamos imaginado", expresó.

Una invitación para toda la Iglesia
Antes de rezar la oración mariana, el pontífice extendió esta invitación tanto al camino personal de cada creyente como al de toda la Iglesia y sus decisiones pastorales.

Finalmente, encomendó a los fieles a la protección de la Virgen María, para que acompañe siempre el camino de la fe, y animó a preguntarse con frecuencia: "¿Quién es el Señor para mí? ¿Lo conozco realmente? ¿Qué me pide hoy su Evangelio? ¿Qué pasos y qué decisiones debería tomar?".