En solidaridad con las víctimas del tráfico, la trata y la exclusión, el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Pedro Cannavó, celebró la misa el 22 de septiembre en la Plaza Constitución, que contó con la presencia de asociaciones, movimientos de trabajadores excluidos, fundaciones, la familia grande del Hogar de Cristo y las hermanas oblatas del Santísimo Redentor. La Eucaristía fue concelebrada por otros obispos y sacerdotes.
Con el lema "Por una sociedad sin esclavos ni excluidos", monseñor Cannavó manifestó en su homilía que "Dios siempre escucha a sus hijos, Dios siempre escucha aquellos que caen al borde del camino. Nuestro amor a Dios invisible se juega y se manifiesta en el amor que tenemos aquellos que Dios nos regaló y nos puso a nuestro lado, a nuestras familias, pero también a esa familia grande, a todos los paisanos, a todos nuestros compañeros, a todos nuestros conciudadanos".
A la luz de los textos bíblicos, el prelado recordó que "el sacerdote y el levita eran dos personas que estaban al servicio de la religiosidad y poderosas en la época, sin embargo, no tienen entrañas de compasión. Ven y siguen con sus preocupaciones. Le dan vuelta a los líos, pero no se hacen cargo".
"¿Cuántas veces naturalizamos y acostumbramos nuestra mirada? Nuestra mirada ya no se compadece del dolor de nuestros hermanos", se preguntó y aseguró el obispo auxiliar.
Conmoverse frente al dolor
Monseñor Cannavó recordó que el evangelio "nos dice que hay otra persona que pasa por ahí, un samaritano, que lo ve y se conmueve. No había acostumbrado su mirada. No había acostumbrado su mirada a ver tantos pibes revolviendo la basura, a ver pibes durmiendo en la calle, a tantas injusticias".
"Este personaje, el samaritano, era considerado de segunda. No era puro, no era religioso de verdad. Sin embargo, Jesús nos lo muestra como un modelo. Ese es el verdadero que honra al Señor, porque cuida a sus hermanos", dijo.
Y destacó el accionar del samaritano: "Empieza a sanarlo con lo que tenía, con el aceite y con el vino. Lo unge, le da los primeros auxilios. Después lo sube sobre su montura, sobre su caballo. ¡Qué bueno, cuando nuestra caridad no solamente es dar los primeros auxilios, sino subir a tu hermano!".
Acompañar a ponerse de pie
"Lo sube a su montura y lo lleva a un lugar, a un hospedaje para cuidarlo. Le dedica unos días para sanarlo. Y después deja su plata al hospedero para que lo cuide y le dice, `Si gastas algo más, cuando vuelva te lo voy a pagar´. ¡Qué bueno, es esa caridad que acompaña hasta que el otro se puede poner de pie solo! Acá hay mucha gente que acompaña de esa manera", subrayó el obispo auxiliar.
Monseñor Cannavó aseguró que "es importante también ver que es un trabajo que no es solamente samaritano, sino que involucra al hospedero. Se extiende una red, se extiende una familia, se tiende a una familia grande, porque el acompañamiento y para que el otro pueda ponerse de pie tiene que experimentar que hay una familia que lo sostiene, que no depende solamente de una persona, sino que hay una comunidad atrás, una familia que lo va a estar sosteniendo siempre y cada vez que no pueda hacer pie en el costado de la vida".
El obispo auxiliar concluyó su prédica deseando que el Señor "encuentre en nosotros unas personas que al mirar el dolor no sean indiferentes, que al mirar el dolor no den vueltas y sigan en la suya, que al mirar el dolor nos bajemos de nuestra montura, nos bajemos de nuestro caballo, nos bajemos de nuestros orgullos, nos bajemos de nuestra cotidiana y de nuestra agenda para hacernos cargo del dolor del otro, hasta que el otro pueda hacer pie y se sienta parte de una gran familia".
Finalizada la misa los sacerdotes de villas y barrios populares de Buenos Aires leyeron una declaración pastoral vinculada a la realidad social y laboral de los barrios populares porteños. "Trabajo digno: bendición para los más pobres" se inscribió en la continuidad de esta celebración, iniciada años atrás por el entonces cardenal Jorge Bergoglio.