Con motivo del próximo viaje apostólico del Santo Padre a la Argentina, AICA inauguró una sección de columnas semanales sobre el magisterio y el pontificado de León XIV. Cada viernes, académicos y comunicadores ofrecen reflexiones que profundizan en su enseñanza y testimonio. La agencia reafirma así su servicio a la comunicación católica y acompaña la preparación espiritual de las comunidades ante la visita papal.
Magnifica humanitas
la encíclica que hay que leer antes de que llegue León XIV
Guillermo Villarreal *
Antes de su llegada a la Argentina, prevista para el 8 de noviembre, León XIV ya dejó escrito lo que piensa sobre la tecnología que está cambiando el trabajo, la escuela y la guerra. Lo hizo en Magnifica humanitas, su primera encíclica, dedicada a "la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial".
Lleva fecha del 15 de mayo, en el segundo año de su pontificado, y fue presentada por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral el 25 del mismo mes.
Babel o Jerusalén
El primer párrafo plantea la disyuntiva que ordena todo el documento: la humanidad "se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos" (n. 1). Para explicarla, el Papa recurre a dos relatos bíblicos, la torre de Babel y la reconstrucción de los muros de Jerusalén bajo Nehemías.
Sobre la tecnología, el texto descarta tanto el rechazo como el entusiasmo. Dice que "no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza" (n. 9). Y observa que el poder ya no está en manos de los estados como antes: "adquiere así un rostro inédito, predominantemente 'privado', y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común" (n. 5).

La encíclica tiene una introducción, cinco capítulos y una conclusión, con 245 párrafos. Los dos primeros repasan la doctrina social desde la Rerum novarum, de León XIII, que cumple 135 años en 2026. El tercero trata de la inteligencia artificial, el cuarto de la verdad, el trabajo y la libertad, y el quinto de la guerra y la paz.
Qué dice sobre la inteligencia artificial
León XIV admite los límites del conocimiento actual. "Todos nosotros, incluidos quienes los diseñan, sabemos muy poco sobre su funcionamiento efectivo", escribe, y agrega que estos sistemas están "más 'cultivados' que 'construidos'" (n. 98). Sobre su naturaleza, afirma que las inteligencias artificiales "no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor" y que tampoco tienen conciencia moral (n. 99).

Advierte además sobre los programas que simulan compañía: "Cuando la palabra es simulada, esta no construye una relación, sino una apariencia" (n. 100). El riesgo que señala no es que alguien crea hablar con una persona, sino "que pierda el deseo mismo de buscar realmente al otro".
Regulación, datos y monopolios
El Papa pide freno y control. "Pedir prudencia, controles rigurosos y, en ocasiones, también una ralentización en la adopción de la IA no significa estar en contra del progreso, sino ejercitar un cuidado responsable hacia la familia humana" (n. 106). Cuestiona que la ética quede en manos de pocos: "No serviría de nada una IA más moral, si esta moral es decidida por unos pocos" (n. 107).
Habla de "nombrar los nuevos monopolios de la IA" (n. 109) y sostiene que "la propiedad de los datos no puede confiarse sólo al sector privado, sino que debe reglamentarse" (n. 108). Incluye entre los bienes de destino universal las "nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas, datos" (n. 67). Propone "desarmar" la tecnología: "Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano" (n. 110). A quienes la desarrollan les dirige "un vehemente llamamiento" (n. 111).
También denuncia el costo oculto de la economía digital, que "se sustenta en el trabajo silencioso de millones de seres humanos" dedicados al etiquetado de datos, la moderación de contenidos y el entrenamiento de modelos (n. 173). Y advierte sobre el uso de datos sanitarios y genéticos de poblaciones enteras: "De lo contrario, la era digital no será postcolonial, sino colonial bajo otra forma" (n. 178).
Trabajo, jóvenes y escuela
En empleo, el texto no esquiva el temor a la pérdida de puestos: "es realista temer una reducción significativa y rápida de los puestos de trabajo disponibles" (n. 151). Pero fija un criterio: "la norma general debe seguir siendo la protección de los puestos de trabajo y del papel insustituible de la persona" (n. 152). Pide que toda automatización venga acompañada de "medidas verificables de protección del empleo, de recualificación y de participación de los trabajadores" (n. 156).
A los sindicatos les dice que están "llamados a abrirse a las nuevas formas de trabajo y a los nuevos trabajadores, para representarlos y defenderlos" (n. 155). Y afirma que "ya no es posible confiar únicamente en la 'mano invisible' del mercado" (n. 163). Propone además dejar atrás las mediciones "ancladas desde hace más de ochenta años en el concepto de Producto Interno Bruto" (n. 159).

Sobre los chicos, señala que tener un celular personal demasiado pronto y sin control adulto "puede acentuar la fragilidad y favorecer las adicciones en los jóvenes" (n. 141). Respalda leyes que "establezcan límites de edad" y "responsabilicen a los proveedores de servicios, sin descargar, sobre las familias, el peso de la limitación" (n. 142). Y en la escuela pide algo poco habitual en un documento oficial: "Educar en el uso de la IA implica, por tanto, educar para decidir cuándo y para qué no utilizarla" (n. 140).
Guerra y paz
El quinto capítulo toma posición. "Hoy más que nunca es importante reiterar la superación de la teoría de la 'guerra justa'", escribe, "sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto" (n. 192). Sobre las armas autónomas, es categórico: "No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable" y "no es lícito confiar a sistemas artificiales decisiones letales o, en cualquier caso, irreversibles" (n. 198).

Critica el "falso realismo" de quienes dan la guerra por inevitable: "lo que es verdaderamente irresponsable es la Realpolitik" (n. 205). A los gobernantes les repite lo que dijo al comenzar su pontificado: "¡Encontrémonos, dialoguemos, negociemos! La guerra nunca es inevitable" (n. 222). Y propone empezar por las palabras: "Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar la tierra" (n. 214).
Un texto también dirigido a la Iglesia
El Papa no habla solo hacia afuera. Dedica un apartado a lo que llama "un examen para la Iglesia": "Todo poder está al servicio de la comunión y la misión" (n. 89) y la escucha a las víctimas de abusos "es parte integrante de un camino de justicia". Sobre la prensa, reconoce que "algunos periodistas comprometidos con la verdad han desempeñado un papel fundamental a la hora de sacar a la luz injusticias y abusos", y agrega que la Iglesia "no debe esperar a que otros nos obliguen a afrontar verdades incómodas sobre nosotros mismos" (n. 138).

En el párrafo 176 repasa el retraso con que la Iglesia condenó la esclavitud, que recién tuvo una condena formal y universal en el siglo XIX, y cierra: "Por eso, en nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón".
Para leer con la agenda en la mano
La encíclica cita entre los testigos del siglo XX al beato Enrique Angelelli, junto a san Óscar Romero y san Maximiliano Kolbe (n. 125). Al hablar de justicia social recuerda que Jesús se identifica "con los pequeños, los enfermos, los presos y los extranjeros" (n. 77).
El programa oficial de la visita incluye el Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole, el Complejo Penitenciario Federal de Devoto y un encuentro con sindicalistas y movimientos sociales en la Universidad Católica Argentina, en Puerto Madero.
El texto completo y un resumen gráfico por capítulos están disponibles en el sitio del Dicasterio, humandevelopment.va.