"A ti, Madre de la Iglesia, te pedimos que veles por el papa León XIV, a quien tu Hijo ha confiado el ministerio petrino. Concédele salud y sanación. Abre nuestros oídos para escuchar y nuestros corazones para recibir el Evangelio de Jesucristo que Él nos anunciará cuando camine entre nosotros el próximo mes de noviembre", elevó esta plegaria el nuncio apostólico en la Argentina, monseñor Michael W. Banach, al presidir este lunes 12 de octubre, las celebraciones patronales en la basílica de Nuestra Señora del Pilar.
En un templo colmado de fieles, el párroco, presbítero Gastón Lorenzo, dio la bienvenida al representante del Santo Padre y agradeció su presencia para presidir la celebración patronal con toda la comunidad parroquial. "En su persona hacemos cercano nuestro afecto filial y cordial al Santo Padre, y lo encomendamos especialmente en su intervención quirúrgica", expresó el sacerdote.
Antes del inicio de la solemne Eucaristía -que fue concelebrada por el párroco y todos los presbíteros que atienden pastoralmente a la comunidad del Pilar-, en el atrio del templo, la Banda del Regimiento I Patricios "Tambor de Tacuarí" entonó el Himno Nacional Argentino y la Marcha Real Española.
La celebración eucarística contó con la presencia del embajador de España en la Argentina, Joaquín María de Arístegui Laborde; de la embajadora de la Soberana Orden de Malta, María Podestá; de la directora general de Cultos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, María del Pilar Bosca Chillida; además de otras autoridades y miembros de la embajada y del Consulado español en la Argentina. Se hicieron presentes, además, autoridades de las Federaciones Españolas en la Argentina y representantes del Círculo de Aragón, quienes hicieron una ofrenda floral a la Virgen y pusieron un marco festivo al finalizar la misa, con una propuesta cultural de música y danzas a la salida del templo.
La Virgen del Pilar y el coraje de ser cristianos
Durante su homilía, el nuncio apostólico, tras asegurar al papa León "la cercanía espiritual y paternal, así como sus oraciones" y su bendición paternal "a cada uno y a cada una de ustedes", recordó la tradición de la advocación mariana de la Virgen del Pilar, que se remonta al año 40 en Zaragoza, España, vinculada al apóstol Santiago.
Relató cómo el apóstol, desanimado y afligido a orillas del río Ebro por las dificultades de su labor evangelizadora, recibió la milagrosa aparición de la Virgen María de pie sobre un pilar, alentándolo a continuar y pidiéndole la edificación de un templo en su honor.
Monseñor Banach destacó que esta advocación es considerada la primera aparición mariana de la historia y remarcó cómo a lo largo de los siglos, hombres y mujeres santos -como san Juan de la Cruz, santa Teresa de Ávila y san Ignacio de Loyola- peregrinaron hasta Zaragoza para mostrar su devoción a Nuestra Señora del Pilar. Recordó también que la Virgen del Pilar "fue la protectora de los misioneros que llegaron a tierras americanas para anunciar a Cristo a quienes no lo conocían" y de ahí que aseguró que "no fue casualidad que, en preparación de la celebración del V Centenario de la Evangelización de América, el Papa san Juan Pablo II reconoció a la Virgen del Pilar como 'la Patrona de la Hispanidad'".
Haciendo un paralelismo con los desafíos actuales, el representante papal señaló que la sociedad contemporánea está dominada por el individualismo, la comodidad y la búsqueda desatada de placer, riqueza y poder, donde muchas veces se busca el éxito sin renuncias ni sacrificios. "Y resulta complicado para los padres, madres y educadores cristianos, transmitir la fe que ellos recibieron y acogieron con generosidad como un gran tesoro para sus vidas", aseguró.
En este contexto, advirtió que la fe cristiana enfrenta resistencias similares a las que vivieron los primeros evangelizadores.
No obstante, exhortó a los fieles a no tener miedo de anunciar el Evangelio, a abrir las puertas de los corazones a Cristo y a no desanimarse frente a las adversidades, recordando que la Virgen del Pilar se presenta como un refugio, baluarte y fortaleza en tiempos difíciles.
"Nuestra tenacidad, nuestra valentía, nuestra coherencia de vida y nuestra confianza en el Señor darán su fruto", exhortó el nuncio. "No nos avergoncemos de ser cristianos -añadió-, no nos avergoncemos de ser católicos. ¡Sintámonos orgullosos!, en privado o en público, en nuestra familia o en nuestra profesión. La fe cristiana no es algo del pasado, sino tremendamente actual, porque Cristo Jesús vive, y da la vida porque ha resucitado y es Él el verdadero médico que puede curar las heridas del corazón y saciar el deseo de eternidad que toda persona humana tiene en lo profundo de su ser".
La Virgen del Pilar y el abrazo a su pilar
Monseñor Banach evocó después la visita, en 1982, de Juan Pablo II a la Zaragoza y su "oración silenciosa ante la Virgen y la Columna" que impresionó a todos los presentes. "Abrazado a tu pilar", antes de bajar, dejó su solideo papal a los pies de la Virgen, como signo de su 'Totus tuus' -su lema pontificio: "Todo tuyo"-.
El nuncio explicó que esa columna sobre la que se aparece y es representada la Virgen, "es símbolo del conducto que une el cielo y la tierra; es el signo de la acción de Dios en la historia y de lo que el hombre puede cuando da cabida a Dios en su vida".
"'Abrazado a tu pilar' significa reconocer que María es Columna de fortaleza. Fortaleza y entereza para afrontar las adversidades con las que todos nosotros se tiene que encontrar en nuestras vidas particulares, en nuestros trabajos", aseguró. "Abrazado a tu pilar, es contar siempre con esta Madre, que permaneció firme cuando todos huyeron y demostró su valentía estando a los pies de la cruz cuando todo parecía perdido y descubrir que María es la roca para refugiarse ante el mal de los caminos.
El representante del papa León aseguró por último que "'abrazado a tu pilar', es contar con la ayuda de María, que es nuestro baluarte, nuestro escudo, nuestro castillo frente a las adversidades de esta vida terrenal. A Ella le suplicamos y le decimos: defiéndenos y ampáranos bajo tu manto".
[Texto completo de la homilía]
Hacia el final de la misa, el nuncio apostólico transmitió la bendición paternal del papa León a todos los presentes y encomendó a la protección de la Virgen del Pilar las necesidades de las familias de la Argentina, las alegrías de los niños, la ilusión de los jóvenes, el desvelo de los adultos, el dolor de los enfermos y el sereno atardecer de los ancianos.
A su vez, pidió por la salud y sanación del papa León XIV, rogando por la paz mundial y recordando la misión maternal de la Virgen como consoladora de los afligidos y salud de los enfermos.