El histórico Palacio Fernández Anchorena -una de las pocas mansiones de la antigua aristocracia porteña que aún sobreviven sobre la avenida Alvear-, en el barrio porteño de Recoleta, sede de la nunciatura apostólica, será el lugar que alojará al Santo Padre León XIV durante su estadía en la Argentina, del 8 al 11 de noviembre. Desde allí se trasladará a las distintas actividades previstas durante su visita.
El hôtel particulier de estilo Luis XV
La construcción del palacio fue encargada en 1907 por Juan Antonio Fernández Torres y Rosa Irene de Anchorena Aguirre al arquitecto francés Édouard Le Monnier.
Uno de los datos más curiosos es que la mansión permaneció prácticamente vacía durante sus primeros años. Durante trece años, hasta 1922, el palacio estuvo habitado únicamente por su servicio doméstico.
Según los registros históricos, Juan Antonio sufrió un problema de salud que habría impedido el viaje. Encargaron la construcción y compraron todo el mobiliario en Francia, pero nunca llegaron a habitarlo, ni siquiera lo conocieron. Su intención era inaugurarlo en 1910, para el centenario de la Revolución de Mayo. Y, si bien se terminó de construir en 1909, el matrimonio nunca más regresó a Buenos Aires. Incluso cuando sus hijos visitaban Buenos Aires, elegían hospedarse en el Hotel Plaza en lugar de ocupar la enorme residencia familiar.
El Palacio Fernández Anchorena posee tres plantas, un gran vestíbulo central, amplios salones, escaleras ornamentales, un comedor principal, un salón de baile y un jardín de invierno.
En sus ambientes se destacan las lámparas de araña, las molduras, los grandes espejos, las columnas y las boiseries.
El acceso cubierto se resuelve mediante una elegante logia curva, y está dominado por un cuerpo saliente cilíndrico rematado por una cúpula cubierta con pizarra, que se alinea sobre el eje principal de simetría; éste rige, asimismo, al espléndido vestíbulo de planta elíptica rodeado por columnas corintias de orden monumental, que engarza a la escalera de honor y organiza todo el esquema compositivo interior, revelando el magistral oficio del autor.
La fachada posterior del palacio abre hacia los jardines que descienden hasta la calle Posadas, a los que se conecta por medio de una gran escalinata que salva el desnivel entre ambos frentes.
Residencia del presidente
Con el paso de los años, el palacio tuvo distintos usos. En octubre de 1922 el palacio fue alquilado y, finalmente, habitado. Su primer inquilino fue Marcelo Torcuato de Alvear, amigo del matrimonio Fernández Anchorena, que acababa de ser elegido presidente de la Nación.
Alvear, que había pasado los últimos años en París, cumpliendo funciones como embajador argentino en Francia, decidió no "inaugurar" la Quinta Presidencial de Olivos. Al mismo tiempo, descubrió que la Casa Rosada se encontraba en malas condiciones. Fue entonces cuando decidió usar el Palacio Fernández Anchorena como residencia presidencial. Pero la propiedad le resultó "demasiado suntuosa" y, apenas un año más tarde, se mudó con su esposa, la soprano Regina Pacini, a un hogar más modesto en Belgrano.
La condesa pontificia
La propiedad fue adquirida posteriormente por Adelia Harilaos de Olmos, viuda del comerciante terrateniente Ambrosio Olmos -quien fuera dos veces gobernador de la provincia de Córdoba- y una de las mujeres más acaudaladas y fervientes católica. Amiga personal de Marcelo Torcuato de Alvear, conocía muy bien la residencia, ya que habitaba justo enfrente, en un petit hotel hoy desaparecido.
Atraída por la magnificencia de la propiedad, Adela comenzó alquilando el palacio para finalmente comprarlo en 1942.
La señora Harilaos de Olmos, de reconocida generosidad y benefactora de la Iglesia, mandó a construir 42 grandes obras, entre ellas 27 iglesias. Así, la casa parroquial y colegio Santísimo Sacramento, la parroquial Nuestra Señora del Socorro en Quilmes, el santuario de la Medalla Milagrosa en Buenos Aires, la iglesia y casa parroquial San Judas Tadeo en Lanús Oeste, y la donación dela estancia El Durazno -unas 5.000 hectáreas en Río Cuarto-, a los padres salesianos, son algunas de esas obras.
Profundamente católica, tuvo un papel central en la organización del Congreso Eucarístico Internacional de 1934, uno de los acontecimientos religiosos más multitudinarios registrados en el país.
Para la realización de aquella celebración, vendió una estancia, se distinguió como vicepresidenta de la comisión organizadora, en la que trabajó con denodada dedicación y puso su hogar, el Palacio Fernández Anchorena, a disposición del Vaticano, teniendo el honor de alojar en su casa al mismísimo delegado pontificio, el cardenal Eugenio Pacelli, quien años después se convertiría en el papa Pío XII.
Por su generosa colaboración, a pedido del nuncio, en agosto de 1930 fue nombrada condesa del Estado Pontificio.
Sede de la nunciatura apostólica
Adelia Harilaos de Olmos murió el 15 de septiembre de 1949, a los 84 años. Antes de morir, logró que el presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, le otorgase un permiso especial para ser enterrada junto a su esposo en las Esclavas del Corazón de Jesús, la primera iglesia que construyó.
En su testamento, firmado el 13 de noviembre de 1947, la condesa pontificia dispuso que el palacio y su contenido fueran donados a la Santa Sede con una condición: la propiedad debía transformarse en la nunciatura apostólica de la Argentina.
Su voluntad se cumplió pocos años después y, desde abril de 1952, el Palacio Fernández Anchorena funciona oficialmente como sede diplomática del Vaticano y residencia del nuncio apostólico, "en recuerdo de la visita de Pío XII".
La residencia alojó al Juan Pablo II, el primer Papa en pisar suelo argentino, durante sus dos estadías en Buenos Aires. En su primera visita, durante la Guerra de Malvinas, el pontífice vivió en la antigua residencia de Adelia dos días y una noche. El 12 de junio de 1982, Juan Pablo II saludó a una multitud reunida frente a la nunciatura apostólica y entregó una imagen histórica.
El Papa polaco volvió al país el 6 de abril de 1987. Fue una visita que incluyó diez provincias y la nunciatura apostólica volvió a ser su alojamiento y centro de operaciones en Buenos Aires.
La residencia acaba de recibir al nuevo nuncio, el estadounidense Michael Banach, que llegó al país el 22 de julio. Él será el encargado de ultimar los detalles de la llegada de un nuevo papa, León XIV, en noviembre de este año. Será el tercero en conocer y habitar en la residencia porteña.
Por su importancia arquitectónica, diplomática y religiosa, el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2002.