Queridos hermanos, hoy 3 de mayo, en este día, en realidad tradicionalmente, al menos en España y en muchos pueblos de la España hispánica, de América, se celebra la cruz florida de mayo, especialmente aquí en nuestra vecina provincia de Corrientes. Es una tradición. Santa Elena, la madre de Constantino, en el siglo cuarto, viajó a Jerusalén y allí se descubrió, realizando excavaciones, la cruz santa donde Jesús fue crucificado.

Y es por eso que entonces, que en muchos lugares, la religiosidad popular hoy celebra la cruz florida de mayo. Nosotros tenemos la fiesta, como sabemos litúrgicamente, el 14 de septiembre, la exaltación de la Santa Cruz. Hoy también recordamos a los apóstoles Felipe y Santiago el Menor, primer obispo de Jerusalén.

Pero litúrgicamente hablando, prevalece el quinto domingo de pascua, que es el que estamos celebrando hoy. Comentamos brevemente la palabra de Dios proclamada, que espero que hayan escuchado, porque siempre aquí el eco retumba y no siempre se percibe. Así es como dicen ustedes, por lo menos.

En la primera lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, se relata esa situación dificultosa entre los judíos y los helenistas. Eran también judíos, pero venían de la diáspora y ya pues hablarían el latín y el griego. Lo cierto es que se suscita una discusión de que estos últimos eran peor atendidos a sus viudas con la ayuda que la iglesia recibía entre las comunidades.

Bueno, problemas que se suscitan en el seno de las familias de nuestras comunidades. Y es muy triste, ¿verdad?, que entre los cristianos estemos divididos y confrontados, peleados, porque esa es la pura verdad, incluso con insultos y agravios. Es muy frecuente esto.

Y la iglesia, entonces, ya que Jesús ha subido al cielo, se reúne, oran, invocan al Espíritu Santo para solucionar esa situación. Bien, y ahí, a la luz de la oración y la acción del Espíritu Santo, se acuerda de que los apóstoles deben aceptar a colaboradores, en este caso los diáconos, para que atiendan el servicio de las mesas, ya que ellos prioritariamente deben dedicarse a la oración y a la predicación de la palabra. Y ahí imponen las manos a los siete primeros diáconos, Esteban, Felipe, Nicanor, Prócoro, en fin, estos hombres llenos del Espíritu Santo para que se dediquen a la actividad de la distribución más equitativa de las mesas, al ejercicio de la caridad.

Esto pone de manifiesto también en una iglesia sinodal en la que nos encontramos que es necesaria la coparticipación de todos, cada uno con su propio carisma, pero todos nos necesitamos en la misión de la iglesia, tanto en la acción evangelizadora como también en el ejercicio de la caridad. San Pedro, en la primera carta, hace tomar conciencia de que somos todos piedras vivas de ese edificio que es el templo del Espíritu Santo, que es la iglesia, participando todos activamente, cada uno según su vocación, estado de vida y carisma, reconociendo que la piedra angular y el fundamento no es otro sino Jesucristo el Señor. Y por el bautismo, por tanto, todos contribuimos a edificar esta iglesia santa, raza santa, sacerdotal.

Hay un sacerdocio común que recibimos participando del sacerdocio de Cristo, que se ofrece al Padre y se entrega por los hermanos. Todos los bautizados, todos, tenemos ese sacerdocio común de los fieles. Luego hay un sacerdocio ministerial específico, sacramental también, al servicio de la comunidad.

Pero es una llamada a tomar conciencia de que todos somos responsables y corresponsables en la vida de la iglesia, en su misión que es evangelizar. Y en el Evangelio es el discurso de Jesús en la última cena, que realmente es muy profundo, maravilloso. Jesús se presenta como el camino, la verdad y la vida.

Y con letras mayúsculas, camino, porque no hay otro camino para ir a Dios sino Jesús el Señor, la verdad. No solamente anuncia y proclama la verdad, Él es la verdad misma, como lo es el Padre y como lo es el Espíritu Santo. A quien Jesús denomina y promete recibirán el espíritu de la verdad, que les hará comprender lo que yo les he enseñado.

Porque tanto el Padre como el Hijo, como el Espíritu Santo, que es Dios uno y trino, una unidad que nosotros que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, deberíamos vivir. Aludía que hasta en el seno de la comunidad a veces se provocan situaciones que atentan contra la unidad. Y hemos de esforzarnos por vivir siempre en la unidad, superando divisiones o comprensiones.

Esto sobre todo en el mundo de la política se aprecia quizás con mayor fuerza esta división, insultos, agravios, peleas, confrontaciones. Y en una de estas afirman que son cristianos. Así que tenemos que aprender mucho del misterio de la Santísima Trinidad, para vivir unidos, superando las dificultades que puedan presentarse por pensar uno de una manera o pertenecer a un partido político o a otro.

Se subraya más la división que la unidad. Jesús tiene plena conciencia de su identidad. Está unido al Padre.

Él no habla por cuenta propia. Él no actúa por cuenta propia, sino que habla lo que el Padre quiere, porque hace su voluntad. Obra conforme a la voluntad del Padre Dios.

Qué autoconciencia profunda tiene Jesús de su íntima unidad y comunión, tanto con el Padre como con el Espíritu Santo. Por eso hemos de procurar, hermanos, en este tiempo pascual sobre todo, que recordamos nuestro propio bautismo, como hemos elevado en la oración colecta, para que el Señor nos conceda la verdadera libertad y nos ayude también a alcanzar la herencia eterna, la vida eterna. Y así, tanto el Padre como Jesús, el Hijo unigénito de Dios, con el Espíritu Santo, viven íntimamente unidos.

Ahora nos encontramos, litúrgicamente hablando, aguardando, esperando la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, que celebraremos el próximo domingo 24. Así es que tenemos que ir preparándonos para recibir este espíritu de la verdad, de la unidad. Pidamos entonces al Señor, en este quinto domingo pascual, que seguimos celebrando con gozo la victoria y el triunfo de Jesucristo resucitado, vencedor del pecado y de la muerte, para que vivamos con alegría, con esperanza, e irradiemos también a nuestros hermanos, especialmente los que están más desanimados, algunos incluso desesperados.

Ustedes que es frecuente los suicidios que escuchamos a veces. Entonces tenemos que vivir de tal manera esta fe viva en Cristo resucitado, que vivamos la alegría de la victoria, del bien, de la verdad, sobre el mal y sobre la mentira. La Virgen María, que acompañaba siempre a la primera comunidad, recordemos que ella estuvo presente en oración el día de Pentecostés, pues también sintamos la presencia y la intercesión de María en este mes de mayo, que especialmente en el hemisferio norte dedican al mes de María.

Aquí he visto en la entrada mayo-mes de María. El mes de mayo en el hemisferio norte es la primavera, las flores, y desde hace muchos siglos es un mes dedicado a la Santísima Virgen María, que ella interceda por nosotros.

Colaboración: “La Voz del Santuario Nuestra Señora del Carmen” programa radial de la pastoral de la Comunicación de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen –Iglesia Catedral- de Formosa. Foto archivo.