En el tedeum por el Día de la Independencia celebrado en la catedral basílica Nuestra Señora del Carmen, el cardenal Vicente Bokalic CM, arzobispo de Santiago del Estero y primado de la Argentina, afirmó que la independencia "fue, y sigue siendo, un proceso" que interpela a toda la sociedad a fortalecer la convivencia, el respeto, la justicia y la dignidad de cada persona.
Al recordar los 210 años de la Declaración de la Independencia, el purpurado destacó que los congresales de 1816 provenían de distintas regiones y sostenían posiciones diversas, pero supieron poner el bien común por encima de los intereses particulares para responder al anhelo de soberanía y libertad del pueblo argentino.
El senador nacional Gerardo Zamora y el gobernador santiagueño Elías Suárez, entre otras autoridades, participaron de la acción de gracias por la fecha patria.
"Había una convicción que los unía. Supieron interpretar que había llegado un momento decisivo en la historia y comprendieron que el bien común debía estar por encima de las diferencias particulares", señaló.
El cardenal Bokalic subrayó que ese proceso histórico no concluyó el 9 de julio de 1816, sino que continúa desafiando a las generaciones actuales a consolidar una sociedad fundada en la justicia, la igualdad de oportunidades, la libertad y el respeto por la dignidad humana.
El diálogo para superar los conflictos
A la luz del relato del Concilio de Jerusalén, el cardenal sostuvo que los conflictos forman parte de toda comunidad humana, pero destacó que los primeros apóstoles supieron afrontarlos mediante el diálogo, la escucha y el discernimiento común, sin dejar que las diferencias derivaran en divisiones.
El primado consideró que esa experiencia ilumina también el presente argentino, marcado por "fuertes polarizaciones, desacuerdos y prejuicios" que dificultan la construcción de consensos y de una sociedad "más justa, más inclusiva y más fraterna".
"El conflicto forma parte de la vida; el problema es cómo los afrontamos", afirmó, al tiempo que llamó a asumirlos "con lucidez, racionalidad y grandeza de espíritu", buscando siempre caminos de reconciliación, paz y encuentro.
En ese contexto, evocó la conocida expresión del papa Francisco: "Nadie se salva solo", y agregó que "nadie tiene el monopolio de la verdad", porque todos tienen algo para aportar a la construcción del bien común.
Una cultura del encuentro y del servicio
El primado argentino retomó enseñanzas del papa León XIV sobre la necesidad de promover una "cultura de la negociación" y del diálogo como modo habitual de afrontar los conflictos, tanto entre las naciones como en la vida cotidiana.
Asimismo, exhortó a quienes ejercen responsabilidades públicas y sociales a preguntarse si están construyendo puentes o levantando nuevos muros, y si ponen sus capacidades al servicio del bien común y de los más vulnerables.
Al reflexionar sobre el Evangelio proclamado durante la celebración, recordó las palabras de Jesús: "He venido para servir y no para ser servido", y advirtió que el poder puede desviar del compromiso de entregar la vida por los demás.
Finalmente, citó un pasaje de la encíclica Magnifica humanitas de León XIV, que invita a colocar "a la persona humana en el centro de nuestras decisiones" y a hacer de los pobres, los enfermos, los migrantes y los más desfavorecidos "la piedra angular" de una sociedad reconciliada.
Al concluir la homilía, el cardenal pidió que Dios conceda a los argentinos "la misma grandeza de espíritu que tuvieron los Padres de la Patria" y "la misma docilidad al Espíritu Santo que animó a los apóstoles en Jerusalén", para aprender a dialogar, buscar lo que une y construir una Argentina "más justa, más fraterna y más esperanzada".