En la homilía del tedeum por el 210° aniversario de la Declaración de la Independencia, el arzobispo de Tucumán, monseñor Carlos Sánchez, invitó a los argentinos a renovar el compromiso con el bien común, la fraternidad y la inclusión, y exhortó a privilegiar a los más pobres, promover el diálogo y fortalecer la unidad nacional.
Al comenzar su predicación, el arzobispo tucumano saludó a los presentes con motivo del Día de la Patria y dio gracias a Dios por la Argentina.
Participaron de la acción de gracias por la Patria, la vicepresidenta Victoria Villarruel y el gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, entre otras autoridades provinciales.
Monseñor Sánchez recordó que, hace 210 años, los congresales reunidos en Tucumán declararon la Independencia después de meses de deliberaciones, en respuesta al anhelo del pueblo y al pedido de próceres como José de San Martín y Manuel Belgrano.
Monseñor Sánchez destacó la fe de los integrantes del Congreso de 1816. Señaló que iniciaron sus sesiones con la Misa del Espíritu Santo, invocaron a Dios en el Acta de la Independencia y celebraron una Misa de Acción de Gracias tras la declaración.
En ese marco, afirmó que el actual tedeum y la posterior oración interreligiosa por la Patria expresan esa misma confianza en Dios.
El arzobispo sostuvo que aquellos congresales fueron hombres de fe, de convicciones y de compromiso con el pueblo, dispuestos a entregar sus vidas, sus bienes y su fama por la causa de la Independencia.
Un llamado al compromiso y a la inclusión
Al reflexionar sobre la Palabra de Dios proclamada en la celebración, afirmó que el Señor escucha el clamor de su pueblo y actúa con compasión para liberarlo. Recordó que Jesucristo manifestó esa cercanía de Dios con la humanidad y enseñó que el camino de la vida consiste en el amor y en la entrega.
En ese contexto, aseguró que Dios continúa llamando a los creyentes a socorrer a quienes sufren y afirmó que la compasión se traduce en solidaridad, acompañamiento y compromiso. También señaló que ese camino inspira la "artesanía de la paz" y la amistad social propuestas por el papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti.
Monseñor Sánchez recordó además un documento del Episcopado Argentino, en el que los obispos afirmaron que no existe una democracia plena sin inclusión e integración y subrayaron la responsabilidad de los dirigentes y de toda la sociedad para garantizar condiciones de vida acordes con la dignidad humana.
Durante la homilía hizo referencia a la reciente encíclica Magnifica Humanitas, del papa León XlV, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Explicó que el pontífice plantea la necesidad de optar entre levantar una nueva torre de Babel o construir una sociedad donde Dios y la humanidad habiten juntos, con la dignidad de cada persona, la justicia y la fraternidad como criterios fundamentales.
La cultura del encuentro y el bien común
El arzobispo afirmó que el Papa llama a edificar un mundo, y también una Argentina, donde todos puedan desarrollarse plenamente. Para ello, convocó a científicos, investigadores, empresarios, trabajadores, educadores, legisladores, movimientos populares, comunidades de fe y a toda la sociedad a aportar al bien común desde su propia responsabilidad.
Asimismo, pidió fortalecer la cultura del encuentro, promover el diálogo y evitar las palabras que humillan o profundizan las divisiones. También exhortó a orientar las decisiones por criterios como la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la casa común y la paz.
Monseñor Sánchez invitó además a renovar los compromisos asumidos durante los jubileos celebrados el año anterior por distintos sectores de la sociedad, con el propósito de sostener la esperanza y el servicio a quienes más sufren.
El prelado tucumano citó palabras del papa León para animar a los argentinos a comprometerse con la construcción de una Patria más fraterna, poner las capacidades personales al servicio del bien común y trabajar con sabiduría y perseverancia.
La Casa Histórica, signo de unidad nacional
También recordó que el bien común exige superar los egoísmos y destacó la responsabilidad del Estado en la búsqueda de ese objetivo, mediante la armonización de los distintos intereses sociales y el acceso de todas las personas a los bienes materiales, culturales, morales y espirituales necesarios para una vida plenamente humana.
Por último, pidió poner a Dios en el horizonte de toda acción y situar a la persona humana en el centro de las decisiones, con especial atención a los pobres, los enfermos, las personas con discapacidad y los niños. Deseó que la Casa Histórica sea signo de una gran familia nacional, capaz de superar rencores y divisiones.
Al concluir, encomendó al país la intercesión del beato Mamerto Esquiú, en el bicentenario de su nacimiento, y de los mártires riojanos, al cumplirse 50 años de su martirio. También imploró la protección de la Virgen de la Merced para que acompañe el camino del pueblo argentino y fortalezca la comunión en la Patria.