El Papa León XIV recibió en audiencia, este jueves 3 de septiembre, a los miembros de la Conferencia de Obispos Latinos en las Regiones Árabes (CELRA), reunidos en Roma para celebrar su encuentro anual.

En su discurso, el Santo Padre reconoció que los obispos guían a Iglesias locales extendidas por una "vasta y diversa región", desempeñando su ministerio en contextos "a menudo marcados por tensiones políticas, sociales y religiosas".

Estas Iglesias han conocido el testimonio del martirio, afirmó, refiriéndose a los numerosos sacerdotes, religiosos y religiosas, así como a los fieles laicos, que han entregado su vida por la fe en Irak, Siria y otras tierras desgarradas por los conflictos.

El Papa León acotó que los responsables de la Iglesia deben permanecer cerca de su pueblo y compartir sus heridas mediante la escucha y el consuelo, especialmente cuando las familias se ven obligadas a emigrar y las comunidades se vuelven más frágiles.

Incluso en las regiones donde los católicos son una minoría, añadió, la fecundidad de la Iglesia se manifiesta en su fidelidad al Evangelio.

"En el corazón de sociedades marcadas por el conflicto y la división", dijo, "que sus comunidades demuestren que es posible vivir, servir y esperar juntos".

A través de su labor en las parroquias, las escuelas y los hospitales, la Iglesia hace tangible el Evangelio mediante la escucha, la acogida y el apoyo a quienes lo necesitan, especialmente a través del trabajo de las congregaciones religiosas. "En medio de las emergencias, no pierdan de vista lo esencial de la misión de la Iglesia: el anuncio del Evangelio, la oración, los Sacramentos y la formación cristiana", sostuvo.

León exhortó a los obispos a prestar una atención especial a las familias y a los jóvenes, que afrontan dificultades e incertidumbres. Los jóvenes, puntualizó, reciben la fe en el seno de la familia y se benefician de la escucha y de la enseñanza que reciben en sus comunidades a través de la catequesis.

También invitó a los obispos a cuidar de los migrantes que viven lejos de sus familias y experimentan la soledad, especialmente en los países del Golfo, donde son numerosos. "Que sus comunidades sean hogares en los que nadie se sienta extranjero", dijo. "Defiendan la dignidad de cada persona y reconozcan en cada migrante a un hermano o una hermana: de este modo, la caridad se convierte en testimonio del Evangelio y en escuela de fraternidad".

El Sucesor de Pedro exhortó asimismo a los obispos a preservar la comunión entre las Iglesias de los diversos ritos, calificando la variedad de las tradiciones cristianas como un "tesoro que debe vivirse en la unidad". Esta comunión, añadió, debe llevarlos a entablar un diálogo sincero con otros cristianos y con las comunidades musulmanas.

"El diálogo no significa renunciar a la propia identidad, sino vivirla sin miedo al encuentro", agregó. "Allí donde la guerra ha sembrado desconfianza, cada gesto de estima, colaboración y respeto puede convertirse en un paso hacia la reconciliación y la paz".

Al concluir, el Santo Padre invitó a los obispos latinos de las regiones árabes a hacer presente a Cristo y a anunciar su Palabra, celebrándolo en los Sacramentos y encontrándolo en la oración. "No busquen ante todo el éxito o el reconocimiento: busquen la fidelidad", dijo. "Sean voces de verdad, de justicia y de paz; hombres de oración, pastores cercanos a su pueblo, artesanos de la reconciliación y testigos de la misericordia".