Antes de iniciar la vigilia en la Basílica vaticana, el Santo Padre se dirigió brevemente a los miles de fieles presentes en la Plaza de San Pedro para participar de la vigilia, a quienes agradeció su presencia y les recordó que es posible construir la paz.
León XIV ingresó luego a la Basílica para dirigir el rezo del Santo Rosario, meditando los misterios gloriosos, acompañados cada uno de una lectura bíblica y una reflexión de San Cipriano de Cartagena, San Cesario de Arles, San Juan Crisóstomo, San Ambrosio de Milán y, como ya es costumbre, San Agustín, todos Padres de la Iglesia.
Además, y como signo de paz, antes de cada uno de los misterios, una delegación de cada uno de los cinco continentes encendió una vela a los pies de la imagen de María Reina de la Paz.
En su discurso, el Papa afirmó que “la guerra divide, la esperanza une. La prepotencia pisotea, el amor levanta. La idolatría ciega, el Dios vivo ilumina. Basta un poco de fe, una pizca de fe, queridos hermanos, para afrontar juntos, como humanidad y con humanidad, esta hora dramática de la historia”.
“La oración, de hecho, no es un refugio para eludir nuestras responsabilidades, no es un analgésico para evitar el dolor que desata tanta injusticia. Es, en cambio, la respuesta más gratuita, universal y disruptiva a la muerte: ¡somos un pueblo que ya resucita!”, continuó.
El clamor del Papa León XIV
Por eso el Pontífice exhortó: “¡Volvamos a levantarnos de entre los escombros! Nada puede encerrarnos en un destino ya escrito, ni siquiera en este mundo en el que las tumbas parecen no ser suficientes, porque se sigue crucificando, aniquilando la vida, sin derecho y sin piedad”.
León XIV recordó luego el mensaje de San Juan Pablo II en enero de 2003, en el contexto de la crisis iraquí, en el que decía que era un sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial, por lo cual hace ahora suyo su llamado: “¡Nunca más la guerra!”
El Papa León destacó que la oración es de aquellas cosas que “rompen la cadena demoniaca del mal y se ponen al servicio del Reino de Dios; un Reino en el que no hay espada, ni drones, ni venganza, ni banalización del mal, ni lucro injusto, sino solo dignidad, comprensión y perdón”.
Con la oración, prosiguió, hay “una barrera contra ese delirio de omnipotencia que se vuelve cada vez más impredecible y agresivo a nuestro alrededor. Los equilibrios en la familia humana están gravemente desestabilizados”.
Tras denunciar que “el Santo Nombre de Dios ―el Dios de la vida― es arrastrado en discursos de muerte”, León XIV dijo que está sometido a esta muerte “quien ha dado la espalda al Dios vivo, para hacer de sí mismo y de su propio poder el ídolo mudo, ciego y sordo (cf. Sal 115,4-8), al cual sacrificar todo valor y pretender que el mundo entero se doblegue ante él”.
“¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida”, clamó el Papa.
El Pontífice alentó a superar la “locura de la guerra” y alentó a los gobernantes: “¡deténganse! ¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense en mesas de diálogo y de mediación!, no en mesas donde se planea el rearme y se deliberan acciones de muerte”.
El Papa León precisó que no es sólo esta una responsabilidad de los gobernantes sino de todos, ya que “¡cada uno tiene su lugar en el mosaico de la paz!”.
La fuerza del Rosario
“El Rosario, al igual que otras formas de oración muy antiguas, nos ha unido esta tarde en su ritmo regular, basado en la repetición; así se abre paso la paz, palabra tras palabra, gesto tras gesto, como una roca se va esculpiendo gota a gota, como en un telar el tejido avanza movimiento tras movimiento. Son los tiempos largos de la vida, signo de la paciencia de Dios”, dijo el Papa.
Luego de animar a no caer en la “aceleración de un mundo que no sabe que persigue, para volver a servir al ritmo de la vida, a la armonía de la creación, y curar sus heridas”, el Papa León recordó que la Iglesia “es un gran pueblo al servicio de la reconciliación y de la paz, que avanza sin vacilar, aun cuando el rechazo de la lógica bélica puede costarle incomprensión y desprecio”.
“Ella anuncia el Evangelio de la paz y educa a obedecer a Dios antes que a los hombres, especialmente cuando se trata de la dignidad infinita de otros seres humanos, puesta en peligro por las continuas violaciones del derecho internacional”, resaltó.
Oración del Papa León XIV por la paz
Para concluir, el Papa León XIV rezó la siguiente oración:
Señor Jesús,
tú venciste a la muerte sin armas ni violencia:
disolviste su poder con la fuerza de la paz.
Concédenos tu paz,
como a las mujeres asombradas en la mañana de Pascua,
como a los discípulos escondidos y asustados.
Envía tu Espíritu,
aliento que da vida, que reconcilia,
que convierte en hermanos y hermanas a los adversarios y enemigos.
Inspíranos la confianza de María, tu madre,
que con el corazón desgarrado estaba al pie de tu cruz,
firme en la fe de que resucitarías.
Que la locura de la guerra llegue a su fin
y que la tierra sea cuidada y cultivada por quienes todavía
saben engendrar, saben custodiar y saben amar la vida.
¡Escúchanos, Señor de la vida!