En la misa dominical celebrada en la parroquia y basílica Nuestra Señora de Luján, el arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo, exhortó a los fieles a disponerse como "tierra fértil" para que la Palabra de Dios dé fruto en la vida cotidiana. A partir de la parábola del sembrador, recordó que el Señor siempre toma la iniciativa para fecundar el corazón humano con su gracia.
Al reflexionar sobre el Evangelio, el prelado explicó que los diferentes terrenos donde cae la semilla representan las diversas formas de acoger la Palabra. El camino, dijo, simboliza las distracciones y el ritmo acelerado de la vida, que impiden que el mensaje de Dios eche raíces.
En tanto, las piedras reflejan la superficialidad y la falta de profundidad espiritual, mientras que las espinas evocan las preocupaciones, los dolores y las angustias que terminan ahogando el crecimiento de la fe.
Frente a esas dificultades, monseñor Colombo destacó que la tierra fértil es la imagen de quien deja espacio a Dios y permite que su amor transforme la existencia.
"Cuando le hacemos lugar a Dios, cuando nos animamos a ser profundos y dejamos las distracciones de lado, su Palabra crece en nuestro corazón y nos hace capaces de vivir la dinámica de su Reino", expresó.
Una invitación a renovar la respuesta
El arzobispo también advirtió que nadie puede identificarse de manera permanente con uno solo de esos terrenos, porque la vida espiritual atraviesa distintas etapas.
"Nosotros somos todos esos terrenos juntos, porque vivimos distintos momentos en nuestra fe. A veces más distraídos, tomados por las preocupaciones, las angustias o la superficialidad. Siempre estamos a tiempo para reaccionar y ser profundos, darle espacio a la Palabra y animarnos a crecer con Dios", afirmó.
Finalmente, invitó a los fieles a abrir el corazón a la acción del Señor, "que empapa la tierra", para que la fecundidad de la vida cristiana sea fruto de la gracia divina y del compromiso con el Reino.